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Los temas de las seis sesiones

Semana 1: La Iglesia en tiempos de crisis
Mientras expresamos nuestros sentimientos sobre la crisis de la Iglesia y su impacto en nuestras vidas y escuchamos las experiencias de otros, buscamos las raíces más profundas de nuestra fe. El discernimiento nos ayuda a clarificar las bases de nuestra fe y esperanza en Cristo resucitado quien es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida (ver Juan 14, 6).

Semana 2: Una Iglesia de santos y pecadores
Desde el comienzo de su vida pública, Jesús invitó a pecadores a caminar en su compañía. Cada vez que en la historia de la Iglesia las debilidades humanas o el egoísmo causaron escándalo, el Espíritu Santo inspiró a grandes mujeres y hombres a responder, a desafiarnos y a recordarnos cómo vivir una vida digna del llamado de Cristo. Un llamado a la santidad y un florecimiento de renovación espiritual fueron el resultado.

Semana 3: Sanación, arrepentimiento y perdón
Buscamos maneras de ayudar a las víctimas del abuso y a sus familias. Con la gracia de Dios, podemos participar en la sanación del cuerpo de Cristo herido. La sanación requiere reconciliación y perdón tal como son resaltados en la vida y en las enseñanzas de Jesús. Como el signo histórico del Cristo resucitado, la Iglesia está llamada a ser una comunidad de perdón.
Semana 4: Relaciones: dentro de la Iglesia y con el mundo
Para ser una parte saludable del cuerpo de Cristo, necesitamos entender y respetar los roles de las personas laicas, mujeres y hombres religiosos, diáconos, sacerdotes, y obispos buscan maneras de trabajar en armonía. Las buenas relaciones y la comunidad son testimonio de nuestra fe dentro de la Iglesia y para el mundo.

Semana 5: Oración y madurez espiritual
El deseo del Padre para nosotros es que crezcamos a imágen de su amado Hijo Jesús. Nuestra manera de responder a este deseo es nuestra expresión única de espiritualidad. La oración, la participación en la celebración de los sacramentos y la gratitud por el don de nuestra fe Católica contribuyen a la vitalidad y al dinamismo de todo el Cuerpo de Cristo.

Semana 6: El don divino de la eucaristía y los otros sacramentos
La presencia real de Cristo en la eucaristía es sacramento y signo de sanación y reconciliación. En la misa, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, alimento espiritual para nuestro viaje por la vida. La eucaristía y los otros sacramentos son símbolos perpetuos de su amor. ¿Cómo podemos estar más abiertos a su presencia, llegar a una apreciación más profunda del valor de la misa, y recibir la eucaristía y los otros sacramentos de una manera más merecida y beneficiosa?

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